Historia del arte IV
Arte
Minimalista
Mancilla Mora Monica - lotusmora@hotmail.com
la simplicidad de su experiencia-
Robert Morris
Un tubo fluorescente pegado en la pared,
vigas de madera, estructuras simples, cajas, cubos y otras formas básicas, de
materiales como madera, aluminio o acero, así es como se describen algunos
trabajos de muchos artistas que desarrollaron en Nueva York y Loa Angeles a
principios de los años sesenta. Cuando ese tipo de obras empezaron a exponerse
hacia 1936, primero en galerías y luego en museos, queda claro que ni el
público ni la critica estaban preparados para valorar este tipo de arte. El pop
art celebraba por aquel entonces su mayor y mejor época, al menos en el ámbito
comercial, en ese entonces, seguía dominado por la pintura en parte abstracta y
en parte figurativa, como movimientos como el expresionismo abstracto y la
llamada abstracción pospictorica.
El descontento que inspiraron esos objetos
provoco un numero de denominaciones que la critica utilizo para etiquetarlos
como ABC Art, Cool Art, Rejective Art, Primary Structures y Literalist Art
fueron algunas de las expresiones que trataron de definir la nueva tendencia,
difícilmente intangible, del arte americano. Finalmente se impuso la expresión
Minimal Art usada por primera vez en 1965 por el filósofo de arte Richard
Wollhrim como titulo de uno de sus ensayos, aunque el lo que exponía en su
tesis es que el contenido artístico de muchas obras se había ido minimizando a
lo largo de los cincuenta años anteriores.
La pintura tuvo un papel precursor en el
desarrollo del arte minimalista; su gran aportación fue la polémica sobre el
estatus de la abstracción en el ámbito de los objetos tridimensionales. En un
sentido estricto, el concepto de arte minimalista solo acoge los objetos,
esculturas e instalaciones de cinco artistas: Carl Andre, Dan Flavin, Donald
Judd, Sol LeWitt y Robert Morris. Parece ser significativo el hecho de que ninguno
de los autores arriba mencionados se declarara nunca conforme con que su obra
se etiquetara como arte minimalista. Hasta ahora, casi todos los intentos de
definir el arte minimalista se han basado en el análisis de similitudes
formales como, un lenguaje de formas reducida, el carácter serial, el método de
composición no relacional, el uso de nuevos materiales industriales
prefabricados y la aplicación de procesos de producción industrial.
El arte minimalista apostaba
específicamente por la experiencia y la percepción concretas de cada obra en su
contexto concreto, por lo que negaba la metafísica del arte y cambiaba en gran
medida el papel del observador, que ahora ya no se veía obligado a meditar en
un acto de callada reflexión sobre el significado inmutable de la pieza
expuesta o colgada ante el, sino que debía percibir un objeto que compartía su
mismo espacio vital, y reflejar y llenar de significado por si mismo el proceso
de esa percepción.
Aunque los cinco artistas centrales del
movimiento minimalista pertenecían a una misma generación y todos vivian a
finales de la década de 1960 en Nueva York, sus respectivas obras se
desarrollaron con relativa independencia partiendo de diferentes condiciones y
planteamientos. Sus posiciones artísticas, comparadas desde un punto de vista
formal y de concepción, muestran a primera vista tantas diferencias como
similitudes, todas ellas claramente definibles. Con respecto al arte
minimalista, el año 1968 fue histórico por doble motivo: por un lado, porque
logro la categoría de arte digno de exponerse en los museos del viejo
continente y, por el otro, porque para entonces los artistas implicados ya habían
desarrollado por completo los principios de su trabajo o se habían despedido
definitivamente del discurso minimalista.
Uno de los hechos más llamativos de la
historia del arte reciente es que varias condiciones previas más importantes
para el surgimiento del arte minimalista se dieran en la pintura y no en la
escultura. Y es que, en definitiva, fue el arte minimalista el que tras el
descontructivismo ruso y el movimiento de la Bauhaus de los años veinte volvió
a discutir seriamente la capacidad de liderazgo de la pintura en el mundo del
arte moderno. Jack Pollock comenzó a
crear sus drip paintings en 1947, un año después surgieron los llamados zip
paintings de Barnett Newman y en 1949, Mark Rothko pinto su primer campo de
color suspendido. Aunque esas obras podían percibirse aun como espacios de
color subjetivos que reflejaban la voluntad expresiva del autor, al mismo
tiempo negaban los métodos de composición tradicionales. Cuando surgieron esos
trabajos no existía una teoría para su valoración, así que el critico Clement
Greenberg se encargo de desarrollar un lenguaje critico, el centraba sus
reflexiones en el acto creativo subjetivo del artista con todas sus
consecuencias, reducía sus argumentos a un ámbito estrictamente formalista;
entusiasmado por la inmediata actualidad de los nuevos cuadros, desarrollo en
pocos años una de las teorías mas influyentes de la modernidad; sirvieron a
muchos de los artistas minimalistas como punto de partida y matriz de un
posicionamiento critico. Greenber opinaba que el deber de todo genero artístico
era cuestionar sus propios fundamentos para así definir y determinar sus
características.
Como cualquier otra corriente que se
precie autentica, el minimalismo fue también un producto de su tiempo y reflejo
consciente o inconscientemente, al igual que lo hizo el pop art, la realidad
cambiante de Estados Unidos en los años sesenta. Los artistas reaccionaron de
muy diversas formas ante esas transformaciones. Mientras que el pop art
integraba la iconografía banal de la sociedad de consumo en el arte, el arte
minimalista se servía de materiales prefabricados industrialmente y trasladaba
a la abstracción el principio de producción divisorio del trabajo en cadena.
Con esa lógica de producción en seria industrial. El pop art y el arte minimalista
asumieron los cambios de la sociedad de consumo del capitalismo tardío y
desdibujaron el abismo entre la cultura de elite, mimada institucionalmente, y
la cultura de masas tan a menudo despreciada y considerada vulgar. Aunque el
fenómeno no siempre tenía intenciones criticas, es cierto que provoco un cambio
irreversible para el arte. La concepción del artista de un genio creativo en
solitario había quedado tan superada como la idea de la obra de arte original y
única. Significativamente pronto se puso de manifiesto que el valor y el aura
de la obra de arte no dependían en absoluto de su naturaleza de pieza única,
sino de otros criterios que emanaban del mundo del arte institucionalizado.
Hacia finales de la década de 1960, el discurso sobre el objeto ya había
agotado su potencial crítico y se había convertido, para muchos de los jóvenes
artistas, en parte el establishment. Con movimientos como el process arte, el
land art, el body art, y el arte de la performance y el arte conceptual, toda
una generación de jóvenes artistas superaron el arte minimalista para
plantearse cuestiones ignoradas por el. Sin embardo, ese avance solo fue
posible gracias a las condiciones creadas por esa corriente: la ruptura con el
formalismo de la modernidad puso en manifiesto el reconocimiento de la
convencionalidad del arte, así el ambiente artístico no se podía limitar de
forma normativa y la práctica recibía nuevas posibilidades de expansión. Pero
esa situación de apertura, que hoy damos por supuesta, tuvo que ganarse con
mucho esfuerzo en el panorama artístico de los años sesenta. Por todo ello al
arte minimalista deber ser entendido como un paso decisivo en el proceso de
liberación del arte en general, de cuyas consecuencias nos beneficiamos hasta hoy.
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