lunes, 4 de junio de 2012

ARTE MINIMALISTA


Historia del arte IV
Arte Minimalista
 Mancilla Mora Monica - lotusmora@hotmail.com

-La sencillez de la forma no implica
la simplicidad de su experiencia-
Robert Morris



Un tubo fluorescente pegado en la pared, vigas de madera, estructuras simples, cajas, cubos y otras formas básicas, de materiales como madera, aluminio o acero, así es como se describen algunos trabajos de muchos artistas que desarrollaron en Nueva York y Loa Angeles a principios de los años sesenta. Cuando ese tipo de obras empezaron a exponerse hacia 1936, primero en galerías y luego en museos, queda claro que ni el público ni la critica estaban preparados para valorar este tipo de arte. El pop art celebraba por aquel entonces su mayor y mejor época, al menos en el ámbito comercial, en ese entonces, seguía dominado por la pintura en parte abstracta y en parte figurativa, como movimientos como el expresionismo abstracto y la llamada abstracción pospictorica.
El descontento que inspiraron esos objetos provoco un numero de denominaciones que la critica utilizo para etiquetarlos como ABC Art, Cool Art, Rejective Art, Primary Structures y Literalist Art fueron algunas de las expresiones que trataron de definir la nueva tendencia, difícilmente intangible, del arte americano. Finalmente se impuso la expresión Minimal Art usada por primera vez en 1965 por el filósofo de arte Richard Wollhrim como titulo de uno de sus ensayos, aunque el lo que exponía en su tesis es que el contenido artístico de muchas obras se había ido minimizando a lo largo de los cincuenta años anteriores.
La pintura tuvo un papel precursor en el desarrollo del arte minimalista; su gran aportación fue la polémica sobre el estatus de la abstracción en el ámbito de los objetos tridimensionales. En un sentido estricto, el concepto de arte minimalista solo acoge los objetos, esculturas e instalaciones de cinco artistas: Carl Andre, Dan Flavin, Donald Judd, Sol LeWitt y Robert Morris. Parece ser significativo el hecho de que ninguno de los autores arriba mencionados se declarara nunca conforme con que su obra se etiquetara como arte minimalista. Hasta ahora, casi todos los intentos de definir el arte minimalista se han basado en el análisis de similitudes formales como, un lenguaje de formas reducida, el carácter serial, el método de composición no relacional, el uso de nuevos materiales industriales prefabricados y la aplicación de procesos de producción industrial.
El arte minimalista apostaba específicamente por la experiencia y la percepción concretas de cada obra en su contexto concreto, por lo que negaba la metafísica del arte y cambiaba en gran medida el papel del observador, que ahora ya no se veía obligado a meditar en un acto de callada reflexión sobre el significado inmutable de la pieza expuesta o colgada ante el, sino que debía percibir un objeto que compartía su mismo espacio vital, y reflejar y llenar de significado por si mismo el proceso de esa percepción.
Aunque los cinco artistas centrales del movimiento minimalista pertenecían a una misma generación y todos vivian a finales de la década de 1960 en Nueva York, sus respectivas obras se desarrollaron con relativa independencia partiendo de diferentes condiciones y planteamientos. Sus posiciones artísticas, comparadas desde un punto de vista formal y de concepción, muestran a primera vista tantas diferencias como similitudes, todas ellas claramente definibles. Con respecto al arte minimalista, el año 1968 fue histórico por doble motivo: por un lado, porque logro la categoría de arte digno de exponerse en los museos del viejo continente y, por el otro, porque para entonces los artistas implicados ya habían desarrollado por completo los principios de su trabajo o se habían despedido definitivamente del discurso minimalista.
Uno de los hechos más llamativos de la historia del arte reciente es que varias condiciones previas más importantes para el surgimiento del arte minimalista se dieran en la pintura y no en la escultura. Y es que, en definitiva, fue el arte minimalista el que tras el descontructivismo ruso y el movimiento de la Bauhaus de los años veinte volvió a discutir seriamente la capacidad de liderazgo de la pintura en el mundo del arte moderno.  Jack Pollock comenzó a crear sus drip paintings en 1947, un año después surgieron los llamados zip paintings de Barnett Newman y en 1949, Mark Rothko pinto su primer campo de color suspendido. Aunque esas obras podían percibirse aun como espacios de color subjetivos que reflejaban la voluntad expresiva del autor, al mismo tiempo negaban los métodos de composición tradicionales. Cuando surgieron esos trabajos no existía una teoría para su valoración, así que el critico Clement Greenberg se encargo de desarrollar un lenguaje critico, el centraba sus reflexiones en el acto creativo subjetivo del artista con todas sus consecuencias, reducía sus argumentos a un ámbito estrictamente formalista; entusiasmado por la inmediata actualidad de los nuevos cuadros, desarrollo en pocos años una de las teorías mas influyentes de la modernidad; sirvieron a muchos de los artistas minimalistas como punto de partida y matriz de un posicionamiento critico. Greenber opinaba que el deber de todo genero artístico era cuestionar sus propios fundamentos para así definir y determinar sus características.
Como cualquier otra corriente que se precie autentica, el minimalismo fue también un producto de su tiempo y reflejo consciente o inconscientemente, al igual que lo hizo el pop art, la realidad cambiante de Estados Unidos en los años sesenta. Los artistas reaccionaron de muy diversas formas ante esas transformaciones. Mientras que el pop art integraba la iconografía banal de la sociedad de consumo en el arte, el arte minimalista se servía de materiales prefabricados industrialmente y trasladaba a la abstracción el principio de producción divisorio del trabajo en cadena. Con esa lógica de producción en seria industrial. El pop art y el arte minimalista asumieron los cambios de la sociedad de consumo del capitalismo tardío y desdibujaron el abismo entre la cultura de elite, mimada institucionalmente, y la cultura de masas tan a menudo despreciada y considerada vulgar. Aunque el fenómeno no siempre tenía intenciones criticas, es cierto que provoco un cambio irreversible para el arte. La concepción del artista de un genio creativo en solitario había quedado tan superada como la idea de la obra de arte original y única. Significativamente pronto se puso de manifiesto que el valor y el aura de la obra de arte no dependían en absoluto de su naturaleza de pieza única, sino de otros criterios que emanaban del mundo del arte institucionalizado. Hacia finales de la década de 1960, el discurso sobre el objeto ya había agotado su potencial crítico y se había convertido, para muchos de los jóvenes artistas, en parte el establishment. Con movimientos como el process arte, el land art, el body art, y el arte de la performance y el arte conceptual, toda una generación de jóvenes artistas superaron el arte minimalista para plantearse cuestiones ignoradas por el. Sin embardo, ese avance solo fue posible gracias a las condiciones creadas por esa corriente: la ruptura con el formalismo de la modernidad puso en manifiesto el reconocimiento de la convencionalidad del arte, así el ambiente artístico no se podía limitar de forma normativa y la práctica recibía nuevas posibilidades de expansión. Pero esa situación de apertura, que hoy damos por supuesta, tuvo que ganarse con mucho esfuerzo en el panorama artístico de los años sesenta. Por todo ello al arte minimalista deber ser entendido como un paso decisivo en el proceso de liberación del arte en general, de cuyas consecuencias nos beneficiamos hasta hoy.



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